Su quehacer en el audiovisual sureño es fugaz, pero intenso. La vida no le ha permitido volver frente a las cámaras para seguir contando historias y emocionarnos con esa ternura innata que le desborda todo. Tiene el talento y voluntad para regresar a la aventura del audiovisual, pero su salud no goza de la misma entereza psicológica. Él es el chico del Viento en el estanque y acaso esta será la estampa que resguarde nuestra memoria, su rol de por vida.

Al nacer, Adriano Alonso González (Rodas, 1998) es víctima de una parálisis infantil y sobrevive a una intervención donde muere su mellizo. Su carisma y proximidad al universo de los adultos le convierte en un niño con expresión lúcida y seductora. A inicios de 2007 la periodista Ismary Barcia visita el balneario de Ciego Montero y descubre entre los presentes al pequeño, que goza del apego de los técnicos y pacientes por su hondura al hablar, sensibilidad, espíritu vivaracho y enamoradizo. De esta visita nace el reportaje Fábula de la silla, la revisión del pasado reciente de un chico que supera muchos obstáculos para llegar a ser quien es; material que fuera premiado en el Festival Nacional de Telecentros.

En noviembre de ese año el actor Alberto Durán, ex miembro del grupo Teatro Escambray, asiste a una rehabilitación en dicho centro asistencial e inician una singular amistad, que abre el camino para la puesta de El Cangrejito Volador. El veterano actor, que regresaba de Ecuador, sugiere la consumación de un documental, pero le ofrecen la alternativa de una ficción cuyo leitmotiv es el relato de Onelio Jorge Cardoso y, puestos de acuerdo, se escribe el telefilme El viento en el estanque.

El viento…, patrocinado por la Uneac de Cienfuegos, el Centro Dramático y Velas Teatro, es una producción independiente que relata la amistad entre un niño parapléjico (Adriano Alonso) y un anciano que está perdiendo la memoria y padece de un cáncer terminal (Alberto Durán, El Curro). Entre ambos surge una apuesta: Adriano aceptará ser protagonista de El Cangrejito Volador si el actor se somete al tratamiento en la capital.

El pequeño vence las muchas transiciones que exige su personaje, logrando momentos de gran autenticidad, como el de la escena en que manifiesta que tuvo un hermano jimagua “que no nació”, en la que expresa a Blanquita (Adnaloy Pérez) que “el viento es mágico” o en los momentos en que confiesa a su madre que desea tener un papá y una novia. A todas luces, entrega convincentemente los múltiples costados de aquel niño negado a aceptar su estancia en el balneario, unas veces travieso, dispuesto a burlarse de la enfermera (Maritza Gutiérrez), comprensivo y tierno con el anciano actor, adolorido por la ausencia del hermano que nunca conoció y el padre ausente de su vida; enérgico cuando le exige a su amigo la narración de un cuento porque él se “está esforzando”.

Junto a Alberto Durán en una escena de El viento en el estanque. /Foto: captura de video
Junto a Alberto Durán en escenas de El viento en el estanque. /Foto: captura de video

Fue un proceso difícil para el protagonista, que sufre dolencias óseas y estados depresivos a causa de su deteriorada salud. Empero, la voluntad y disciplina permitieron el cumplimiento del plan de producción (dos semanas en el balneario y tres días en la ciudad).

Por su vigor histriónico, Adriano recibe el Premio de actuación Masculina en el Festival Nacional de Cine Yumurí (Matanzas, 2008), el Premio de Actuación del Festival Nacional de Invierno (Santa Clara, 2008), Premio de Actuación del Festival Provincial de Telecentros (Cienfuegos,2009) y una Mención por su interpretación en el Festival Nacional deTelecentros (La Habana, 2010). Sin dudas, impacta por la coherencia interpretativa, honestidad y el ralo encanto de su inocencia.

Actualmente el un día pequeño Adriano radica en su tierra natal, al cuidado de su madre Rosaura, a punto él de cumplir sus 23 años de existencia.

Adriano: el encanto de la inocencia
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