Los avances científicos de las últimas décadas permitieron determinar la existencia de al menos tres condiciones básicas, que favorecen el surgimiento y desarrollo de estos organismos

Con la peculiaridad de ser la séptima consecutiva en registrar el primer organismo antes de su inicio oficial y hacer dejación del uso del alfabeto griego en caso de superarse la habitual lista de 21 nombres previstos, la temporada ciclónica de 2021 comienza este 1ro. de junio en la cuenca del Atlántico tropical (incluye también al Golfo de México y el mar Caribe) y finaliza el 30 de noviembre.

De cumplirse lo sugerido en los pronósticos estacionales emitidos por el reducido grupo de centros científicos del mundo que realizan este tipo de predicción, la temporada será nuevamente activa, al esperarse un número de sistemas tropicales denominados superior al promedio histórico.

Basado en un método sinóptico estadístico creado por los doctores en Ciencias Maritza Ballester (ya fallecida), Ramón Pérez y Cecilia González, el confeccionado en nuestro Instituto de Meteorología vaticina la formación de 16 tormentas tropicales en toda nuestra área geográfica de interés, de las cuales ocho podrían ser huracanes. El peligro de que al menos un ciclón tropical afecte a Cuba es de un 85 %.

Los ciclones tropicales reciben denominación una vez alcanzada la fase de tormenta tropical. Para ello, el Comité de Huracanes de la iv Región de la Organización Meteorológica Mundial (omm), a la cual Cuba pertenece, utiliza una lista de 21 nombres confeccionada con antelación, por orden alfabético, en los idiomas inglés, francés y español, la cual se repite cada seis años.

Solo son retirados los nombres de aquellos meteoros causantes de grandes pérdidas materiales o humanas. Así sucedió, por ejemplo, con Flora, Andrew, Mitch, Katrina, Irma, María y más reciente, con Laura.

Al surgir Ana en mayo, los restantes formados en 2021 se llamarán Bill, Claudette, Danny, Elsa, Fred, Grace, Henri, Ida, Julián, Kate, Larry, Mindy, Nicholas, Odette, Peter, Rose, Sam, Teresa, Victor y Wanda. De ser necesario habrá que acudir a los insertados en una lista complementaria.

OCCIDENTE, LA MÁS EXPUESTA EN JUNIO

Ciclón tropical (CT) es un término genérico empleado para designar los centros de bajas presiones que aparecen sobre las aguas marinas de la zona tropical y subtropical, donde el viento gira en sentido contrario a las manecillas del reloj en el hemisferio Norte.

Suelen estar acompañados por una extensa área de nublados con chubascos, lluvias, tormentas eléctricas, e incluso hasta tornados, que puede abarcar 500 o más kilómetros. Por eso, la influencia de sus efectos no queda restringida al punto de localización de las coordenadas de su región central, señaladas en el mapa por los especialistas.

Tomando en cuenta la velocidad de los vientos máximos promediados en un minuto, los ciclones tropicales se clasifican en depresión tropical cuando son inferiores a los 63 kilómetros por hora; tormenta tropical, de 63 a 118 km/h, y huracanes si igualan o superan los 119 km/h.

En el caso específico de los huracanes existe la escala Saffir-Simpson, que los divide en cinco categorías. Así pertenecen a la categoría 1 aquellos con vientos máximos sostenidos de 119 a 153 km/h; categoría 2 de 154 a 177; categoría 3 entre 178 y 208; 4, de 209 a 251; y 5 a partir de los 252 km/h. Se consideran intensos de la 3 en adelante.

Los avances científicos de las últimas décadas permitieron determinar la existencia de al menos tres condiciones básicas, que favorecen el surgimiento y desarrollo de estos organismos: la persistencia durante varios días consecutivos de un área de disturbio o mal tiempo, que la temperatura del mar tenga valores de 26,5 grados Celsius o más desde la superficie hasta una profundidad aproximada de 45 metros, y el predominio de vientos débiles y sin cambios notables de dirección y velocidad en la atmósfera superior (baja cizalladura vertical).

También se ha corroborado que la ausencia del evento El Niño/Oscilación del Sur (enos) es un indicador propicio para una mayor actividad ciclónica en la cuenca del Atlántico tropical, al punto de que es considerado el factor predictivo fundamental en la mayoría de los pronósticos estacionales.

Habitualmente, en junio la principal zona de formación de los ciclones tropicales radica en el mar Caribe occidental y el Golfo de México.

Visto de manera general, los nacidos en la primera área mencionada tienden a moverse en un rumbo próximo al Norte, trayectoria que convierte a la región occidental de nuestro país en la más expuesta a recibir los impactos directos o indirectos.

Uno de los eventos más significativos ocurridos en junio lo fue el huracán Alma, en 1966, que cruzó sobre la entonces Isla de Pinos y La Habana, el día 8. Formado como depresión tropical en el Golfo de Honduras, tuvo un rápido desarrollo y llegó a alcanzar la categoría 2 en la actual escala Saffir-Simpson.

Ante la llegada del «semestre» de los ciclones, urge ser previsores e implementar con tiempo suficiente las acciones dirigidas a reducir vulnerabilidades para salvaguardar la vida humana y proteger los bienes de las personas y los recursos de la economía, así como prever y aplicar las medidas de bioseguridad ante la covid-19 en estos casos.

El potencial humano y las herramientas tecnológicas con que cuenta el servicio meteorológico nacional, unido a la rápida capacidad de respuesta y organización del Sistema de Defensa Civil, representan un sello de garantía frente a los embates de la naturaleza en Cuba.

Precisiones

  • Compuesta por ocho equipos, la red de radares meteorológicos de Cuba garantiza el seguimiento de la trayectoria y evolución de cualquier ciclón tropical que represente una amenaza potencial.
  • El servicio meteorológico nacional dispone de 68 estaciones ubicadas a lo largo de nuestro archipiélago.

Tomado de Granma

«Anatomía» de los ciclones tropicales, cuando comienza la temporada
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