La gran incógnita sobre quién es el encargado de operar el moderno cinematógrafo del cine-teatro Luisa se despeja hacia el 10 de septiembre de 1911. Para el beneplácito de los sureños se trata del empresario Chas A. Prada, quien se compromete a estrenar cada noche las últimas películas que lleguen de Europa, con entradas por valor de veinte centavos la luneta y diez la gradería. Debido a las presentaciones de la Compañía de Alejandro Garrido, no reinicia su periplo como proyeccionista hasta el 12 de septiembre; de manera sistemática desde el 15 de septiembre cuando, luego del estreno de la obra El apuntador, exhibe las comedias La Victoria del General y Los señoritos.

Prada será el héroe de un significativo hecho. El 3 de octubre se rumora el fallecimiento de Esperancita Iris en Santiago de Cuba. Más de 200 personas se acercaron a la prensa interrogándose si era cierta la noticia. Francisco Gil envía un telegrama a Bernardo Valdés para que se informase de lo que había sucedido. A las cinco de la tarde conoce la respuesta de que la actriz se hallaba viva y triunfante. Los agentes Sanz y Puga también reciben una misiva del representante de la compañía, Nan Allariz, de que esta se encuentra gozando de buena salud y encargan al operador la filmación del telegrama para proyectarlo en la pantalla del “Luisa”. El comunicado recibido por los agentes teatrales expresa:

Santiago de Cuba, octubre 3

Sanz y Puga

Cienfuegos

Esperanza, buena. Agradecemos interés.

Nan

De esta manera, sin proponérselo, Prada asume el segundo corto filmado en Cienfuegos, aunque su valor se reduce a ser un documento con matices sociológicos. Como parte del contrato garantiza las tandas de la tarde y noche. Con frecuencia y los domingos dedica una función a los niños más desprotegidos. Un cronista relata el evento del 8 de octubre de 1911: “La matinée estuvo muy favorecida por la gente menuda, concurriendo además, invitados por los dueños del teatro, los niños del Asilo de Huérfanos y de la Escuela Gratuita, unos sesenta niños acompañados de sus maestros, que demostraban todos en sus caritas lo satisfechos y contentos que se sentían. Qué satisfechos deberán estar también los señores Sanz y Puga, llevando allí a gozar un rato a aquellos que no pueden pagar. Se repartieron también multitud de juguetes entre los niños”. (Teatros, La Correspondencia, 9 de octubre de 1911, p. 3).

La novedad de las exhibiciones diurnas fue elogiada por la prensa en varias ocasiones. Por caso, el 30 de octubre, La Correspondencia expresa que se exhibieron “magníficas películas en la matinée, sin necesidad de que el teatro estuviese a oscuras. El público salió complacido de la innovación. El héroe de la tarde fue el popular Chas Prada, quien recibió muchas felicitaciones” (Teatros, La Correspondencia, 30 de octubre de 191, p. 3). En lo adelante, el resto de los empresarios imitarán al “Luisa”, programando tandas a tempranas horas del día y la tarde.

El empresario protagoniza otro suceso peculiar el domingo 15 de octubre, cuando los agentes Luis Rodríguez Arango y Eusebio Azcué contactaron en Cienfuegos la gira del Marqués Toquingoro Ito, campeón de los Estados Unidos, y el invencible Conde Koma, campeón mundial de jiu-jitsu. Justo, al popular proyeccionista le es designado la labor de timekeeper, presentando separadamente a ambos contrincantes. Este evento acontece en el escenario del nuevo coliseo y ante un público entusiasta.

Durante los días en que José Raúl Capablanca visita Cienfuegos, Prada asiste a la función de El intérprete, en el Teatro Terry, consumada en honor de su hija Nenita, la “princesita rubia”, como le llamaban, que hasta la fecha no paraba de actuar en las tablas. El 27 de febrero, poco después que Enrique Díaz Quesada regresa a Cienfuegos para estrenar El Festival de Bohemia en el malecón en el “Actualidades”, el empresario exhibe en el “Luisa” una información gráfica sobre otro acontecimiento festivo, intitulada Vistas de las fiestas del 24, tomado expresamente para este coliseo.

Hacia 1912 Prada regresa definitivamente a la capital. Probablemente la competencia que representa en Cienfuegos la puja de los empresarios Santos y Artigas y la insistente visita de Enrique Díaz Quesada, quien filma cada año un corto en la ciudad y exhibe constantemente sus producciones, le indujo a buscar otros derroteros en el ramo de la distribución cinematográfica.

Chas A. Prada un cienfueguero precursor del cine cubano (II parte y final)
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