Octubre tiene ribetes luctuosos para Cuba y una jornada del 8 al 28 venera la memoria de dos figuras, cuyas vidas cercenadas en el noveno mes del año, dejaron una impronta de altruismo, en pos de bellos sueños.

Ernesto Che Guevara: Fue el protagonista de la infausta noticia, de aquel  octubre de 1967. Apenas una semana después del combate de la Quebrada del Yuro, el Comandante en Jefe Fidel Castro, en la Plaza de la Revolución, dio a conocer su muerte y despedida al pueblo cubano, mediante emotiva carta.

Luego, el 18 de octubre de 1997 regresó. Las marchas fúnebres, himnos y disparos de salva rompieron el silencio de aquella noche santaclareña, una estrella lo volvió a poner en esta tierra, la más guevariana de las provincias,  donde descansa junto a sus compañeros de lucha.

¿Qué mito lo ha hecho recorrer el mundo? ¿Por qué la desaparición del hombre y hasta sus restos, no pudieron aplacar la fuerza del símbolo?

Desde meses posteriores al convulso octubre su figura inspira la juventud de todo el mundo. Y es que un aura proverbial trenzó su inmensa historia, puso sus conocimientos de medicina al servicio de los leprosos del Amazonas o se estremeció ante la explotación de los mineros, al pie de las milenarias montañas, imperadas por los incas.

Quizás el acertijo de su leyenda se transcribe en la carta a los  padres:

Muchos me dirán aventurero y lo soy, sólo que de un tipo diferente, de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades”.

Y es que ahora sigue poniendo su piel y su vida todos los días, en la piel y en las vidas de quienes luchan por ese mundo mejor que urge.

Camilo Cienfuegos Gorriarán: Una foto en El Nicho inmortaliza la presencia del Héroe de Yaguajay en territorio sureño, durante una reunión campesina.

Los montañeses que asistieron a dicha cita, contaron que Camilo Cienfuegos, pronunció un vibrante discurso proclamando la unidad de todos los revolucionarios.

La instantánea en la cascada del emblemático lugar, se nos ocurre premonitoria, pues asocia su imagen con la inmensidad acuosa.

Luego, como no le importaba el peligro, en una tempestad cayó al mar como semilla; fue una burla a la muerte no tener cruz, ni osario.

En el abnegado esfuerzo renovador de las ideas que defendió, vive como renuevo continuo e inmortal. Hoy es brisa, piedra, sombra; existe en cada corriente de agua que recuerde el fluir de la vida, es primavera en el océano.

Las flores en el regazo del mar no lo sepultan, refulge como efigie en la cascada de El Nicho, en el corazón del Escambray y en Cuba toda; su sonrisa cabalga espumas cuando en un milagro, el aire amanece perfumado y surca el horizonte el tropel de corolas.

Al millón de pétalos sembrados en oleajes, los ilumina la aurora que exhala de sus llamas, porque todas las aguas del cielo y de la tierra no pudieron apagar los fuegos de su nombre.

Camilo y Che, la vida los unió en mil batallas, la muerte los entregó a la gloria.

Che y Camilo: Dos pilares de la historia patria
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