Sostienen los paisajistas que uno de los espectáculos más llamativos de la naturaleza es el que ofrece una correcta alineación de álamos plantados, los mismos que le dan un toque distintivo con su imponente presencia en parques, plazas, avenidas y las recocidas alamedas en los perímetros urbanos, aunque quizás su fama también haya trascendido por el uso de su madera en soportes de pintura, tal como sucede con la mundialmente reconocida Mona Lisa, de Leonardo da Vinci.

La especie, también denominada en algunos lugares por chopo, es un árbol caducifolio que puede alcanzar grandes alturas. Pertenece al género Populus, de la familia de las Salicáceas, originaria de Europa, Asia y norte de África, aunque en la actualidad pueden encontrarse ejemplares allí donde el clima les resulta propicio. Sus grandes hojas ofrecen un espectáculo visual llamativo en el otoño, antes de perder el follaje, porque adquieren un color dorado intenso.

Además del disfrute pictórico

El álamo es apreciado por su madera y porque se le reconocen algunas propiedades medicinales. En algunas regiones el cultivo está extendido para el aprovechamiento de la madera principalmente. Son árboles de crecimiento rápido (llega a crecer más de 20 m³/ha/año), y pueden alcanzar grandes tallas, de 10 a 30 metros e altura, dependiendo de la especie.

Si se ha seguido un buen itinerario silvícola, los troncos son destinados a muebles de baja densidad, puntales y chapa plana; pero su uso estrella está en la industria del tablero contrachapado. Si presenta una disminución de calidad notable y no satisface la demanda de ese destino, lo envían a la industria de trituración devaluándose así el precio por metro cúbico.

La pasta de celulosa obtenida a partir de la madera del álamo es rica en azúcares. Recientes estudios lo avalan para el aprovechamiento en la elaboración de etanol, como un biocombustible de muy buenas propiedades energéticas.

Como dato curioso agregar que uno de los usos más interesantes de los árboles pertenecientes a este género es en fitorremediación, tanto si emplean directamente la planta, como a partir de ella, de forma tal que se consiga, mediante biotecnología, la réplica para su capacidad de acumular xenobióticos en otras especies.

Desde el punto de vista botánico resaltan las ramas flexibles y corteza lisa, de colores blanquecinos o cenicientos, con marcas horizontales de tonos más oscuros similares a estrías. Las hojas son simples, alternas y caedizas, habitualmente anchas y de bordes enteros, aserrados, dentados, lobulados o festoneados. Sus yemas están cubiertas por escamas. El peciolo, largo y glanduloso, con frecuencia aparece comprimido lateralmente, lo que confiere gran movilidad a la hoja.

Tú puedes tener uno de estos impresionantes árboles en el patio de la casa, eso sí, siempre alejado de las construcciones. De decidirte, la técnica es la siguiente:

  • Deja las semillas en un recipiente humedecido en agua.
  • Luego, debes sembrarlas y recubrirlas con alguna sustancia mineral.
  • A continuación, se recomienda meter este recipiente en la nevera por varios meses.
  • Abre el cuenco de vez en cuando para airearlo.
  • Entierra las semillas en una maceta con un sustrato de cultivo universal mezclado con perlitas.
  • Por último, coloca la maceta al sol y riégala con abundante agua.
Mitología y simbolismo

En muchas culturas a lo largo de la historia se le han atribuido propiedades curativas y místicas al álamo, usándose muchas veces las ramas flexibles para espantar a malos espíritus. Esta creencia era común entre poblaciones de Japón, donde, en sus templos shinto llevaban a cabo ceremonias en las que azotaban el aire con estas ramas para espantar a los oni.

Ahora bien, según la religión de origen africana la planta le pertenece a Shangó, Aña y Oggun. Refieren que representa uno de los árboles más importantes consagrados a la primera de esas deidades del panteón Yorubá. Se utiliza para preparar el omiero del asiento (ceremonia de iniciación) que servirá para consagrar y lavar los atributos del Orisha.

Aseguran los practicantes de la devoción que cuando Shangó está enfurecido, se le calma con hojas de álamo, rompezaragüey y culantrillo. El recipiente en el que se guarden sus otas, llamado batea, se hace con madera de cedro, pintado de rojo y blanco, al tiempo de recubrirlo con hojas de la planta que las usan también para adornar los altares y el trono de los principiantes.

Según la creencia, a Shangó, le gusta comer en el álamo y por eso le llevan ahí las ofrendas habituales, atadas con una cinta roja. Los hijos y protegidos del más popular de los ídolos se dan baños con un cocimiento de esas hojas para purificarse. Las fricciones con la savia sirven para alejar las malas vibraciones. Y si necesita alejar los espíritus oscuros de una casa, entonces opte por hacer baldeos con los renuevos.

En tanto, el tronco reducido a polvo y mezclado con plátano, después de realizar las rogaciones correspondientes, puede utilizarse en hacer el bien o el mal. Si de quitar un mal de ojo o un hechizo se trata, mezcle hojas de álamo con salvadera, hierba buena, prodigiosa, abre camino y alcanfor. Con todo esto se limpia la casa con una fregona. Sin embargo, aclaran que en la regla de palo mayombe no usan esta especie del género Populus.

El álamo entre los atributos de Shangó
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