Mucho podríamos hablar sobre los estragos que ocasiona la pandemia en todo el planeta. Empero, igual ha sido una prueba que constata el brío de los valores humanos y nuestra voluntad para sobrevivir. Será un antes y después de la Covid-19, tendremos que revisitar los tiempos y pensar de otra manera la realidad futura. Uno de los sucesos más notorios es, justo, el que involucra al ya célebre canto góspel Jerusalema, que más allá de los credos, religiones, nacionalismos y filosofía de existencia puso a la humanidad en el mismo cordelero, en pos de utilizar el arte como terapia, al tiempo que una manera de alentar la esperanza, apoyar la identidad y la prosperidad del continente africano y defender la paz.

La internacionalización del tema se produce a partir del mes de septiembre de 2020, coincidiendo con el día de la Herencia Cultural en Sudáfrica (24 de septiembre). Lo que se inicia como un pasatiempo entre los niños del orfanato Masaka Kids Africana, a escasos kilómetros del Lago Victoria, artistas naturales que parecieran haber nacido para el baile, termina como una suerte de himno danzario que involucra a toda la humanidad. Es tal vez el mérito de este suceso cultural que prontamente se viraliza.

Lo bailan todos

La canción había sido escrita por Master KG en 2019 y pasó casi inadvertida; sin embargo, las desenvueltas y contagiosas coreografías de Namibiru Nabirah y Kigundu Emmanuel provocan una avalancha de seguidores en casi todo el mundo, sin distinción de profesiones, fervores y edades. En las calles, centros de labores, hospitales, aeropuertos, parques, unidades militares, escuelas, iglesias, etc., las poblaciones consuman la coreografía de raíz africana aderezada con aportaciones locales. No importa que se cante en zulú, la letra de la canción aluda a ese sitio que ofrece refugio a los desamparados, tampoco si se es creyente o ateo… El sentido es resguardar los sueños, la posibilidad de un mañana grato.

Y tanto ha sido el éxito que el tema supera los 400 millones de reproducciones, logrando apocar el impacto de la sobrevalorada Despacito. Algunos videos-documentos llegan incluso a tener pretensiones artísticas, otros sencillamente comparten la alegría, el regocijo y la positividad, el deseo de transformar el mundo. El himno que interpreta Nomcebo (aunque existen otras versiones, incluso en español) es acogido en los cinco continentes en forma de Tik Tok y bailado por artistas, deportistas, religiosos, científicos, militares, obreros, profesionales, etc., incluyendo oficiales de la lejana China.

Con musicalidad y gracejo cubanos

Por supuesto, el gesto de solidaridad también acontece en la Isla, donde se elocuencia la musicalidad y gracejo de los cubanos, esencialmente en la capital y algunas provincias, como Camagüey y Santiago de Cuba. Justo, entre los miles de videos que aparecen en YouTube, uno de los más vistosos es el que interpreta frente a su sede la compañía de danza de Lizt Alfonso y el concebido en el poblado de El Cobre, en los que sensiblemente se fusionan los movimientos y energía africanos con la tradición danzaria cubana, especialmente con el complejo de la rumba.

Por supuesto que tanto contagio y efusividad no podía dejar de despertar los bajos instintos de los emporios comerciales. A tal punto que, por mencionar un caso, la discográfica Warner Music está exigiendo las tarifas de licencia para utilizar la canción, y en febrero de 2021 llega a demandar a la policía alemana por sus videos de Jerusalema.

Inobjetablemente, ante sucesos como este no podemos dejar de emocionarnos, toda vez que se demuestra que el arte tiene poder y los sentimientos humanos emergen cuando la vida está en peligro. Si aún no logro convencerle, revise los videos que documentan el año en que la humanidad bailó Jerusalema.

El año en que la humanidad bailó Jerusalema
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