No sé por cuáles razones el mar o la mar, como suelen decir los marineros, ha sido objeto de mi fascinación, al punto de que la sentencia materna de no ir a la playa en las vacaciones se convertía en el peor de los castigos.

Ha pasado muchísimo tiempo y continúa la relación subyugante; pero cuando una conoce a personas dedicadas, desde esa masa inmensa y misteriosa, a empujar a la economía nacional, entonces crece la maravilla.

El 26 de abril, hace tres décadas, irrumpió la Empresa Navegación Caribe con presencia en Cienfuegos. Hoy, esa visibilidad llega por intermedio de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Servicio Marítimos.

“Es muy valiosa esta entidad. Quizás muchos no la conozcan en toda su dimensión; sin embargo, la totalidad de los barcos que entran a la bahía de Jagua tienen contacto con esta pequeña unidad, y a partir de ahí ya se genera un servicio”, afirma Duniesky Gutiérrez Sánchez, joven director, tanto por la edad como por el tiempo al frente de la “tropa” de 110 trabajadores en acción, de unos 155 previstos en la plantilla aprobada. De esa cifra, “31 son de tierra y el resto pertenecen a la flota de trece embarcaciones: ocho propulsadas y cinco patanas.

“Tenemos un patronato desde Cayo Largo del Sur hasta el Puerto de Guayabal, en Las Tunas; o sea, atendemos un polo turístico al cual aseguramos combustible, agua y otros productos, y además, asumimos el compromiso de la exportación del azúcar por Guayabal; nuestros navíos se desplazan hacia ese lugar durante la zafra”, abunda el directivo.

Remolcador Aries II. El más potente y moderno de Cienfuegos. / Foto: Tay Toscano

A BORDO

Acompañada del director de operaciones de la UEB Servicios Marítimos, Alberto Álvarez Infiesta, me adentro en el escenario principal de la flota, y según sus palabras: “esos dos remolcadores son nuestros ‘caballos de batalla’, por sus contribuciones a los ingresos de la UEB”.

En el remolcador Aries II, el más moderno y potente de la provincia, entablo diálogo con Rafel Sebasco Aramendía, el fornido jefe de máquinas: “atiendo todos los equipos, de cubierta y otros principales, además de las plantas. Este es un remolcador dedicado a maniobras del puerto: atraque, desatraque y acompañamiento; sirve como nave de salvamento y contra incendios.

“A los navíos de más de 200 metros de eslora los acompañamos debido a las dificultades presentadas para entrar al canal de la bahía por su estrechez; al serles complicado girar, por ejemplo, en Pasacaballo, estamos nosotros. Es un remolcador con sistema azimutal, pues sus hélices giran en 360 grados y tiene mucha maniobrabilidad”, afirma este hombre con una tradición familiar marinera bien importante.

A cargo del orden interior a bordo, de la brigada contra incendios y la actividad de operaciones portuarias, Wilfredo Lorente Alonso, es el segundo oficial del Aries II. “Como todo trabajo este requiere estudio, preparación y destreza; tenemos algunas adversidades como el viento, el propio mar y la complejidad de las maniobras, dependientes de factores como el actuar de los prácticos. De ahí lo importante de la sincronización para un buen resultado”.

Con 30 años en el ámbito marítimo, de ellos 20 en los remolcadores, Wilfredo asegura: “un barco necesita un buen mando y un equipo funcional. Aquí todos saben sus responsabilidades; la única voz de mando es la del capitán y de ahí para abajo todos tenemos claras nuestras funciones”.

No es tan moderno. El “Perla del Sur” pertenece también a la flota cienfueguera. Jóvenes y experimentados conviven y trabajan de manera armónica.

“Al marinero timonel no puede faltarle la salud y sobre todo sentidos como la vista y el oído; debe de estar atento a los ruidos del barco y a la travesía para no tener percances. Es complejo, pero muy bonito también”, expresa Juan Delgado Rodríguez, con tres décadas, de experiencia, y en cuyas manos está conducir la embarcación hasta su destino de forma segura.

Por su parte, Alberto Pérez Pérez, atiende la cocina: “(…) según los suministros disponibles elaboramos el menú. Siempre andamos moviéndonos, pero ya tengo práctica; es como en la casa, se innova. Si importante es el capitán para conducir el barco, también lo es el cocinero para garantizar los alimentos”.

Los bauticé como los “médicos” del “Perla del Sur”. Los encontré en plena faena, para devolver la vitalidad a la embarcación. Son muy jóvenes, sin embargo, ya “se pegan” como el que más para ofrecer su aporte.

Rafael Aspiro Matos, es graduado de la academia Naval Granma y hoy se desempeña como segundo maquinista: “Nos preparamos para casos de mayor complejidad, pero la práctica nos enseña de verdad, y aquí no nos falta trabajo; por lo tanto, estamos en condiciones de asumir cualquier reto”.

Alfredo Columbié Martínez es agregado de máquinas: “Ahora estoy haciendo mis prácticas y me siento muy agradecido; he aprendido mucho. Lamentablemente, mientras más averías haya, más aprendemos, pues constatamos en la concreta lo plasmado en los libros”.

Son tres décadas de un intensísimo laboreo. En ese período, Navegación Caribe en Cienfuegos, como sus embarcaciones a los buques necesitados, siguen “empujando” la economía nacional con la proa puesta hacia una mayor prosperidad.

Los «médicos» del «Perla del Sur». De izquierda a derecha: Alfredo Columbié Martínez, agregado de máquinas y Rafael Aspiro Matos, segundo maquinista. / Foto: Tay Toscano

Empresa Navegación Caribe, tres décadas con proa hacia la prosperidad
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