Aquella tarde del 17 de abril de 1982 la fresca brisa proveniente de la bahía de Jagua le supo mejor a salitre y a marisco a Angelina Díaz Castillo. Ese día, ella y varios de sus vecinos asumían una nueva responsabilidad con el trozo de mar que a partir de aquel momento les correspondía cuidar en el reparto de Punta Gorda, en la ciudad de Cienfuegos.

“Fueron tiempos convulsos y la situación aconsejaba extremar medidas de vigilancia en las costas del país, cuando podían ocurrir lo mismo incursiones enemigas que salidas ilegales. Así surgieron los destacamentos Mirando al Mar (DMM), creados hace más medio siglo por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), de conjunto con las Tropas Guardafronteras del Ministerio del Interior”, rememora Martha Jiménez Díaz, quien asumió el legado de su madre al frente del grupo cederista, tras el fallecimiento de la progenitora.

Por todo este tiempo la vivienda de Angelina y los suyos se convirtió en una suerte de atalaya, para otear las tranquilas aguas de la rada sureña y detectar en ella cualquier manifestación ilícita asociada a la pesca furtiva, la agresión al medio ambiente o alijos de drogas que bien podrían recalar en el litoral.

“Hoy, además de algunos fundadores, se han sumado hijos y nietos de aquel grupo originario, y puedo asegurar con mucha satisfacción que mantenemos la misma vitalidad de antaño en cuanto a la vigilancia y el espíritu intransigente y combativo heredado de nuestros padres”, asegura Martica, como cariñosamente la llaman sus allegados.

Durante el intercambio con el Héroe de la República de Cuba, Gerardo Hernández Nordelo, coordinador nacional de los CDR, afloraron recuerdos y anécdotas de algunos de los fundadores. Por supuesto, en la evocación siempre estuvo la añoranza por Angelina, quien a decir de la mayoría fue el alma no solo del Destacamento, sino de cuanta tarea cederista era necesario cumplir en la cuadra o el barrio, con el sello propio de su condición vanguardista de la mayor organización de masas del país.

Al decir de Jiménez Díaz, tienen la dicha de contar aún con nombres como Girardo, Clarita, María Antonia, Teresita, Gladys, Mary, Cuca, Ela y Josefa, los mismos cederistas que, a pesar de la edad, se mantienen en la primera línea del combate diario contra cualquier indisciplina social que altere el orden y la tranquilidad de los vecinos.

“Ellos, asevera Martha, constituyen nuestros paradigmas y la inspiración de los más jóvenes, que por cierto, representan actualmente el núcleo de ocho miembros del Destacamento, casi todos estudiantes universitarios o recién graduados de diferentes carreras de la enseñanza superior”.

Para espantar la monotonía y el formalismo, según la presidenta del DMM de Punta Gorda, apelan a incentivos propios de la juventud, de ahí que prime la diversidad de actividades atractivas que van desde encuentros recreativos, actos políticos y culturales, eventos deportivos, charlas y conversatorios de carácter intelectual. “Con estas iniciativas, señala, pretendemos que el compromiso surja de ellos mismos, de modo que tal como forman parte del Destacamento, este sea parte también de sus intereses”.

En lo personal, para Marthica el legado de sus padres sobre el cumplimiento del deber fue como ella misma afirma: “guía y luz de mi horizonte. El amor de ellos hacia Cuba, la Revolución y Fidel era tan inmenso que el comportamiento de mis hermanos y el mío no podía estar ajeno a las enseñanzas y el ejemplo que sembraron en nosotros, tanto en valores patrióticos como humanos. Ese es el mismo sentimiento que nos mueve para seguir cuidando este cacho marino de Cienfuegos”.

Fieles guardianes de la bahía de Cienfuegos
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