Quienes residen en el reparto cienfueguero de Pueblo Griffo conocen bien a Hildeliza Vázquez González, maestra de las precedentes y actuales generaciones. Quizás por su liderazgo de pedagoga, la ejemplaridad que la caracteriza y ese inigualable empeño de hacer suya cada tarea, los electores de la circunscripción 82 del Consejo Popular Pueblo Griffo decidieron, hace ocho años ya, que los representara.

“Vivo orgullosa de ser delegada porque me gusta el trabajo, porque ayudo a las personas, no a resolver el problema con recursos, pero sí a tramitarlo y a que a veces sea más rápido de lo que pueden solucionarlo ellos”, expresa esta mujer sencilla que guarda en el rostro y en la seguridad de su voz la experiencia y el inevitable regocijo de ver a los que le rodean contentos, por sentirse ayudados.

El Poder Popular le abrió las puertas a Hildeliza por la década de los ’80 del pasado siglo cuando, como asesora, integraba la Comisión de Educación, encargada de visitar las instituciones educativas del territorio. Luego, el rumbo fue otro, y la decisión mayoritaria la llevó a estar más cerca de los problemas de su comunidad donde, en los comienzos, afrontó importantes desafíos.

A partir de esa etapa no solo se ocuparía de los avatares cotidianos o de la labor educativa en la escuela primaria Armando Mestre; su misión cobró dimensiones superiores con el pueblo. “Tuve momentos difíciles cuando inicié como delegada. Tenía dos casos muy críticos; resolverlos fue la primera tarea que me propuse y la primera que cumplí. Uno de ellos fue la impermeabilización del techo del edificio 20, donde dos casas estaban prácticamente destruidas. El otro fue el de una madre con una niña que tenía una discapacidad muy severa y logramos convertirla en madre cuidadora”.

Tal vez por la humanidad con que define Hildeliza el quehacer del delgado del Poder Popular, compara esa labor con la de los trabajadores sociales, de quienes se nutre para sus tareas diarias y el conocimiento de las familias en condiciones de vulnerabilidad. La capacidad de escuchar, la preparación y el conocimiento, son otras cualidades que identifican a esta cienfueguera, quien insiste en que “no se concibe un delegado que esté desactualizado, porque la población siempre viene en busca de una información correcta, adecuada, y es el delegado quien se la tiene que dar.”

A pesar de sus 72 años, Hildeliza no quiso quedarse en casa en los tiempos más difíciles de la Covid-19 en Cienfuegos. El sentimiento inherente a un genuino representante de pueblo se impuso a los temores, que confiesa no haber sentido nunca. Recorrió cada espacio de la circunscripción y extremó los cuidados para servir a todas las personas que la necesitaron.

“La Covid-19 enseñó mucho al delegado. La comunidad se hizo más fuerte, porque el elector reconoció los valores del delegado, hasta dónde llegó el delegado, incluso cuando le llevaba el producto a la casa me decían “mi delegada”. La satisfacción más grande que tengo es la presencia en el campo de batalla, en el que no descuidé nunca a ningún elector”, aseveró.

Para Hildeliza los valores de un delegado del Poder Popular deben nacer en él. No lo concibe ajeno a la sinceridad, la transparencia, la honestidad, sin el respeto hacia las personas. Insiste en que “lo otro es no mentir nunca. No dar esperanzas donde no existen, porque entonces las personas se van creyendo lo que realmente no es”.

Cuatro décadas y media de Poder Popular se traducen en sacrificio y confianza. Así lo considera la maestra Hildeliza Vázquez González, quien no solo educa desde el aula, sino en el andar por su barrio de Pueblo Griffo. Cuando conversa, orienta, guía a quienes han depositado en ella seguridad y esperanza. A sus electores les ratifica el respaldo y el derecho ciudadano a expresarse libremente, a decir los que sienten, a plantear cada logro, dificultad y angustia porque “el Poder Popular es pueblo”.

Hildeliza y la pedagogía de una delegada de pueblo
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