La Dra. Ileana García Rodríguez se recibió como médico hace ya 38 años. Esta mujer de estatura mediana, con un cuidado cabello rubio, pausada, y una gran experiencia en enfermedades respiratorias, su especialización, es pediatra desde niña, allá en su natal Rodas, término municipal de Cienfuegos.

“Siempre soñé con ser médico y pediatra desde pequeña; los juegos en esa etapa estaban relacionados con curar y atender. Comencé los estudios en Santa Clara, allí permanecí los primeros cuatro años de la carrera y al culminar y quedar inaugurada la Facultad de Ciencias Médicas de Cienfuegos, entonces terminé acá el quinto y sexto cursos. Soy de la segunda graduación cienfueguera.

“Hice el internado vertical en la especialidad y ahí comenzaron a concretarse mis sueños; el primero era hacerme médico y el segundo, atender a los pequeños, como cuando niña hacía el rol de doctora. Para el año 1987 me graduaba. Recuerdo que la dirección del Hospital Pediátrico, con la Dra. Sonia Pérez al frente, quien además de mi profesora es una amiga entrañable, decidió que permaneciera en la institución, y desde entonces estoy aquí.

“Comencé como jefa de Urgencias; en aquella época éramos pocos los especialistas y fueron años duros, pero de mucho aprendizaje, entrega y responsabilidad; fue mi mejor escuela, me preparó para la emergencia y para asumir una conducta y diagnósticos certeros; se trataba de la vida de los niños que acudían al Cuerpo de Guardia. Todavía mantengo relaciones casi de familia con aquellos pacientes, incluso me ha tocado tratar a sus hijos. Resultó otra carrera y especialización, imagínate, la familia, madres, padres, abuelos, mucha presión, a la espera de qué pasaría con su pequeño enfermo, y eso me forjó definitivamente”.

La conversación fluye, la Dra. Ileana es una excelente interlocutora, quien acudió puntual a la cita periodística, allí en el medio donde se desenvuelve como reina, bien temprano en la mañana, porque otras actividades asistenciales reclamaban de ella. Indago entonces sobre alguna anécdota para ilustrar a nuestros lectores y me cuenta que tiene muchas, por suerte, la mayoría con finales felices.

“Durante la estancia en Urgencias son muchas las historias de niños que hoy son adultos sanos, incorporados a la sociedad; otros que se salvaron de patologías muy graves, y algunos que no padecen secuela alguna. Recuerdo a una niña en especial; su padre trabaja en la Refinería de Petróleo. La pequeña de tres años estaba en la baranda de su portal cuando el perro de la vecina la atacó y le desprendió todo el tejido de una buena parte de la cara. El padre llegó con ella en brazos, había mucha sangre y se trataba de una herida deformante, enorme.

La Dra. Ileana, a la izquierda, junto a su colega la Dra. Mercedes Fonseca, en zona roja. Fotos: Magalys Chaviano Álvarez

“No olvido que era domingo. Mi esposo es especialista en Máxilo-Facial —se trata del Dr. Leonardo Atiénzar Lois, su compañero en la vida— permanecía en casa cuidando a nuestros hijos, y ya cuando estaba estabilizada la pequeña, lo llamé, lo necesitaba con urgencia; dejó a los nuestros al cuidado de una vecina y en poco tiempo se presentó en el Cuerpo de Guardia. La paciente era una niña hermosa, fue una obra maestra, se salvó ella y salvamos su belleza. Hoy en día nos visita, tuvo sus fotos de quince, y apenas le quedan marcas de aquel desagradable accidente. Son historias que nos marcan a los médicos”.

Algunos recuerdos no son agradables, y me cuenta cómo tuvo que recibir ya fallecida a una pequeña asmática, tratada en múltiples ocasiones en el Servicio de Respiratorio, y entonces su rostro se endurece y aparece una expresión de tristeza en los ojos.

“Ya en ‘Respiratorio’, me llega en una ocasión un caso, traslado de la Terapia Intensiva, con un atragantamiento, supuestamente con un grano de maní. La madre se llama Karelia, trabajadora de la tienda La Francia Moderna, ya hoy un adulto. Había evolucionado bien, pero durante el traslado se agravó y llega a la Sala con distrés respiratorio y cianosis. Me dije, ese maní está en la vía respiratoria. Los doctores Paz (ya fallecido) y Taillacq, otorrinolaringólogos, hicieron un esfuerzo extraordinario para extraer el cuerpo extraño, pero nada, nos faltaba un broncoscopio en aquella época. Lo montamos en una ambulancia de código rojo con un equipo completo de anestesista, intensivista y los dos otorrinos, y ya en La Habana lo esperaban. Le salvaron la vida al extraerle el maní alojado en el bronquiotronco derecho. Ya hoy es un joven, estudiante universitario, y con pulmones sanos”.

En el currículo profesional de la Dra. García Rodríguez consta la atención a pacientes con asma bronquial, una enfermedad invalidante; sobre el programa que se desarrolla en todo el país, en particular en Cienfuegos, para la atención a esta patología crónica, abunda:

“Se trata de una enfermedad inflamatoria que no tiene cura, y realmente el país muestra resultados con la implementación del programa. Hace muchos años se formó en Cuba, específicamente en Cienfuegos y en este Hospital, que fue pionero, la consulta multidisciplinaria para la atención a niños asmáticos, liderada entonces por el Dr. Osquel, e integrada por especialistas de Respiratorio, Psicología, Nutrición, Inmunolgía y otras. Al principio acudían niños con asma severa que transitaban en períodos de crisis por la Terapia Intensiva, con riesgo para su vida; sin embargo, los resultados de hoy alcanzan índices de Primer Mundo. Los pacientes pasaron a moderados, y hoy son leves persistentes, que ya acuden a consulta solo para seguimiento. Infantes de ese programa hoy son deportistas de alto rendimiento”.

Las enfermedades respiratorias constituyen una de las patologías más frecuentes en la infancia, de ahí la prioridad que se les confiere en la atención y seguimiento, incluso con campamentos de verano para niños y padres, quienes aprenden a vivir con ella, iniciativa que será retomada cuando la situación epidemiológica lo permita.

Sobre el recurrente tema de la Covid-19 es imprescindible conversar con Ileana, quien permanece en primera línea contra un virus que ha cambiado el estilo de vida de todos, pero en especial, del personal de Salud.

Yo pensé que ya había  visto todas las epidemias. En quinto año de la carrera de Medicina atravesamos la de menigococcemia, una enfermedad muy triste por la que pasó el país. El niño acudía a Urgencias caminando, y cuando lo examinabas entraba en shock y aparecían las lesiones en piel, pero gracias al Instituto Finlay de vacunas y al Dr. Gustavo Sierra, recientemente fallecido, quien fuera uno de los científicos que logró la vacuna contra el meningococo, desapareció la enfermedad. Después enfrentamos la epidemia del H1N1, en la que incluso enfermé con una lesión pulmonar, y más adelante, la meningoencefalitis viral y las arvovirosis. Pero desde marzo de 2020 ha transcurrido un período duro para Cuba y el mundo con la Covid-19. Al principio sorteamos la epidemia, pero ya todos los días aparecen niños, sospechosos, contactos, y positivos, pequeños, incluso lactantes, que no deberían enfermar.

“Por eso insistimos en la responsabilidad familiar en el cuidado a infantes y adolescentes, porque si adoptan las medidas de protección no tienen por qué contagiarse. Yo atravieso la Plaza de la Ciudad casi todos los días camino a casa, y siempre encuentro a muchachos en riesgo, y los regaño, con toda autoridad. Confío en el Sistema de Salud cubano, en las vacunas, pero el asilamiento y la protección son importantes”.

¿Qué experiencias le ha aportado la epidemia de SARS-CoV-2?

“Siempre nos hemos crecido ante la adversidad sanitaria. Confío en nuestras vacunas, un país pequeño y sin recursos fue capaz de crear la vacuna contra el meningococo; mi nieto, que ya tiene once años, participó del primer ensayo clínico en esa ocasión y hoy es un adolecente sano; se la puse a ojos cerrados. Fueron vacunados los niños vulnerables de la provincia, y cuando pase esta fase, se retomará la inmunización para llegar todos. He aprendido mucho sobre una patología que faltaba en mi oficio”.

¿Qué significa el Hospital Pediátrico de Cienfuegos para la Dra. Ileana y su esposo?

“Esta es mi casa, a la otra vamos a bañarnos, comer y dormir. Trabajaré hasta que la salud me lo permita, y quiero trasmitir, finalmente, un mensaje a los cienfuegueros: que confíen en esta institución; aquí estamos dispuestos a hacer todo por la vida y la salud de nuestros niños, lo posible y hasta lo imposible, en la casita del duende, como se le reconoce desde el cariño. A pesar de las carencias nunca ha faltado un medicamento o alternativa para salvar la existencia de los pequeños”.

Ileana García Rodríguez: La sanadora de la casita del duende
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