En unas notas publicadas a través de Internet, se da por sentado que las “primeras exhibiciones cinematográficas se efectuaron en Cienfuegos en el Teatro Tomás Terry en el año 1901”. Al margen de las imprecisiones gramaticales y de estilo, el texto (que cita una investigación realizada por cuatro especialistas del Centro Provincial de Cine ya retirados de la institución) incurre en varias erratas que no hacen justicia a la ciudad y el lugar que en ella tuvo el arribo del séptimo arte. ¿Cuándo es que llega el cine a la Perla del Sur? ¿Quién es el dador de esta novedad?

Desde fines del siglo XIX Telesforo Alfonso de Armas aprovecha las fachadas de los edificios para anunciar los productos de actualidad, propósito que lo acerca a la labor desempeñada por José G. González y su anunciador comercial en la capital, por lo que pudiéramos considerarle como un antecedente en estos predios. Entre las 8:30 y las 10:00 p.m. se ofrece para exhibir todas las modalidades al uso: anuncios por el procedimiento de retratos, fondos de colores, vistas de establecimientos y otras solicitadas por los usuarios; de la misma forma, asegura su proyección en estancias de sociedades, azoteas, colegios, reuniones y teatros.

Recorte de nota publicada sobre el vitascopio de Edison en Cienfuegos. /Foto: Archivo

Ante el empuje del cinema Lumiére en la capital, los representantes de Thomas Alva Edison apresuran su tournée por la Isla. En la noche del sábado 20 de marzo de 1897, uno de los emisarios se instala en Cienfuegos y estrena el vitascopio, ante el sorprendido grupo que asiste al local ubicado en la calle de San Fernando, esquina a Bouyón, donde se erige el Palacio de Ferrer. “Allí acuden infinidad de personas con objeto de admirar el notable invento del célebre electricista Edison”, precisa el cronista F. Díaz del Vallín en su sección La Semana, del diario El Nacional (Cienfuegos, domingo 21 de marzo de 1897, pág. 2)

Esta nueva invención de la física recreativa había sido promovida desde el 13 de febrero en la capital cubana, donde fuera inaugurado en el Salón de Variedades o Ilusiones Ópticas, situado en la calle Prado No. 118. Entonces se muestra como un fuerte competidor del cinema Lumiére, proyectando “cuadros vivos y escenas de actualidad” sobre un cuadro de lienzo y publicitándose como un artefacto superior al francés. El vitoscopio, creación de Thomas Armat, mejorado cínicamente por el propio Edison, permitía la percepción simultánea y se apoyaba en una forma de deslizamiento de la película, en el que a un período de iluminación sigue otro de oscuridad.

Por un valor de 30 centavos los adultos y 30 los niños, a partir de las 6:00 de la tarde y hasta las 10:00 de la noche, los públicos pudieron disfrutar de un ameno programa de vistas, al estilo de Las cataratas del Niágara, Escenas de un baño, El Expreso Diamante Negro, La bomba Cervantes del Comercio, El Gran Vapor San Luis, El Expreso Buffalo y Chicago, La Infantería de marina española, entre otras. Se trata de los mismos cortos exhibidos en La Habana un mes antes y que merecieran las críticas del cronista Jacobo Domínguez Santí: “Las vistas son hermosas en su totalidad, pero al proyectar sobre el marco de lienzo “titilan” demasiado o se presentan borrosas, obscuras, faltas de expresión. Además; los intermedios de una a otra vista, resultan largos en demasía”.

En lo inmediato, los cienfuegueros no tuvieron la ocasión de comparar la calidad de las imágenes del vitoscopio con la de su contrincante cinema Lumiére; aunque estuvieron inconformes con el pequeño local adaptado debido a la falta de ventilación. Siete días después se produce la llegada de una compañía teatral, cuya competencia “obliga” a los empresarios norteamericanos a retirarse de la ciudad, iniciándose con ello la etapa nómada del cine en Cienfuegos. Es cierto que en la noche del sábado 27 de marzo los sureños apenas asistieron a la representación de las comedias Bruno el tejedor y Dorotea, ambas protagonizadas por Ramiro la Presa, en el Teatro Tomás Terry; empero, se mostraron entusiastas con el artefacto creado por los hermanos Auguste y Louis Lumiére. Al día siguiente se corre la voz de otra “linterna” capaz de exhibir fotografías en movimiento.

Los espectadores que asistieron al coliseo mayor durante la noche del 29 de marzo de 1897, abocados al estreno de la obra teatral En la cara está la verdad y el resto del programa que anunciara la compañía de Ramiro la Presa, igual terminaron enfadados con la insulsez de las puestas. Un cronista del diario El Comercial confesaría a los lectores: “Ayer se puso en la escena de Terry el drama Juan José. La obra estaba, a lo que parece, mal ensayada. Como se dice en lenguaje de teatro, los artistas estaban haciendo la obra al toro, es decir: fiados en el apuntador. ¡Así salió ella! El señor Presa, volvió a representar Dorotea. Para hoy anuncia la empresa En la cara está la edad y la exhibición del maravilloso invento el cinematógrafo Lumiére, que presentará 15 vistas preciosas terminando la función con Dorotea que desempeñará el Sr. La Presa, Frégoli diez papeles distintos”. Justo es Frégoli, el célebre transformista, quien introduce el cinematógrafo en la ciudad, situando las exhibiciones en medio de las escenas. El actor poseía un aparato de su propiedad y solía usarlo en sus espectáculos para facilitar los cambios de vestuario y maquillaje.

Con claridad, Cienfuegos se convirtió en la séptima ciudad latinoamericana en disfrutar de uno de los más grandes divertimentos creados por el hombre.

La llegada del cine a Cienfuegos: cinematógrafo vs vitacospio
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