Cuba terminó junio con dos noticias que nadie hubiese querido abrazar. Caímos en la fase de transmisión comunitaria epidémica y aumenta el número de muertes por Covid-19 en la Isla. Ambas notificaciones prenden en el útero sanitario cubano como feto bien plantado. ¿Mientras más alarmantes son las estadísticas, más distantes las conciencias?

La bajísima percepción del riesgo en la población da alimento a un panorama epidemiológico sin precedentes, donde no solo tienen culpas los individuos, sino las propias instituciones, que no siempre facilitan el proceso de atención a los usuarios o malinterpretan los protocolos hacia el flujo interior de estas.

“(…) Las administraciones hacen lo que quieren; ahora no permiten a un positivo que declare como contactos a sus compañeros de trabajo para no verse afectados y siguen haciendo reuniones, no importa quien caiga, nadie es imprescindible (…). Los centros comerciales cierran a las 4:00 p.m., no entiendo nada, las nuevas medidas propician más tiempo en la calle”, expone el internauta Leonardo, sin apellidos, en nuestro sitio web.

Un viaje a La Habana, el sábado pasado, desnudó que existe relajamiento en los puntos de control de acceso a la provincia. Nadie había en Aguada de Pasajeros cuando casi a las dos y media de la tarde pasó, de regreso, el carro en el cual viajábamos. Ni termómetros en la mano, ni cuestionario epidemiológico, ni batas blancas por aquella desolada carpa

¿Y si veníamos de Matanzas, donde circulan las variantes más agresivas del nuevo coronavirus? ¿Y si veníamos con síntomas? Nadie pesquisó la escuálida tripulación antes de entrar a la ciudad, contradictorio con respecto a las indicaciones del Grupo Temporal Provincial de lucha contra la Covid-19.

“Los siete puntos de entrada a la provincia son vitales y hay que blindar nuestros territorios para evitar la penetración de variantes muy agresivas (…) En los centros laborales debemos determinar quiénes son los indispensables y el resto para sus casas, que no significa irse para las colas (…) Si algo nos cuestionan permanentemente son las aglomeraciones en las afueras de las tiendas y hay que resolverlo con la participación de todos (…) No nos podemos cansar, de nada vale anunciar 16 medidas y que no se implementen bien”, expresó Maridé Fernández López, primera secretaria del Partido en Cienfuegos, quien en no pocos escenarios ha reiterado que las instituciones deben potenciar el teletrabajo y que las playas aún estén cerradas.

El SARS-CoV-2 no perdona los errores; se dispersa en aerosoles, coloniza las mucosas desprotegidas (nariz, boca u ojos), se adapta y resiste en cuanta superficie cae, contamina suelos y suelas, se transporta en las manos y mediante ellas, al no lavarse adecuadamente, llega a los más insospechados lugares, tan cerca como lejos. Entonces, no resulta difícil imaginar lo que suceda cuando las precauciones, muy bien orientadas, caen en las gavetas de decisores y operarios. Cuando continúan realizándose reuniones que podrían eliminarse a través de una simple llamada telefónica o mediante un correo. Cuando madres y padres permiten que sus hijos sigan en la calle, a veces olvidados de su mascarilla en el ajetreo del juego. Cuando algunos violan lo establecido y se van, botella en mano que después comparten en grupo, hacia playas o ríos…

Un mapeo de la situación epidemiológica de la provincia ilustra dispersión de los eventos activos, también zonas rojas a las cuales habrá que procurar una efectiva vigilancia sanitaria. Hasta la fecha 28 fallecidos contabiliza la epidemia en esta región al centro sur de Cuba.

“En el mejor de los casos, cuando la vacunación tenga alcance un efecto poblacional, algo que no va a ocurrir de hoy para mañana, ello no va a constituir un efecto protector de las poblaciones a nivel internacional hasta finales de 2022. Algunos criterios de expertos notifican que si no acompañamos la vacunación de las medidas de distanciamiento social ese efecto se pospondrá hasta el 2027. Esa noticia es desagradable, pero se debe escuchar, porque del cumplimiento de las medidas dependerá el efecto esperado”, afirmó hace algunos meses el Dr. Salvador Tamayo Muñiz, director provincial de Salud Pública acá.

La Covid-19 lleva más de un año prendida al útero sanitario cubano, sus variaciones la hacen manzana de marzo y nos deja en medio una lucha por la vida, en positivo, y conscientes de que habrá mañana, porque el ser humano siempre se las ha arreglado para alcanzar la luz.

La manzana Covid-19
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