Nunca he odiado a alguien o a algo, pero a la Covid-19 la odio con todas mis fuerzas. Es solapada, traicionera, oportunista… No cree en esfuerzos, consagraciones, atenciones…, ni distingue nada, absolutamente nada.

Desde que apareció en el espectro nacional ha hecho estragos y más estragos, puso el sistema de Salud en jaque y a muchos sectores de la sociedad y “aprieta” hasta no más el presupuesto del Estado.

Pero lo más doloroso es las muchas vidas que ha arrancado. Personas buenas y nobles se fueron y dejaron un espacio vacío que nadie podrá ocupar.

Muchos nombres pudieran citarse, porque los fallecimientos han ocurrido en cualquier lugar, pero señalaré dos que me resultan cercanos por nexos personales y de trabajo: Pablo Ramón Galván Vigo y Pedro Rafael Calzada Vivas.

No creo que pueda describir la actitud permanente de Galván de mejor manera que como lo hizo mi admirada colega Zulariam Pérez, quien en el primer párrafo de su texto resumió la gigantesca obra diaria del maestro de maestros: “Nuestros hijos siempre estaban seguros, pero cuando Galván aparecía en escena era diferente. Lo dejabas sin mirar atrás, sin preguntar si el maestro había venido, sin saber si había gas para el almuerzo o si el agua todavía no desbordaba los tanques. Los padres confiaban porque sabían que nunca estuvo mucho tiempo sentado en su silla de director de la Escuela Guerrillero Heroico, él deambulaba como padre celoso”.

Rafael Calzada Vivas fue un constructor en todo el sentido de la palabra. Bonachón, afable, comunicativo, consagrado, amigo de sus amigos, atento, cordial… No sé cuántos calificativos merecía su personalidad. Hasta su fallecimiento fue director de la Unidad Empresarial de Base de Movimiento de Tierra, perteneciente a la Empresa Constructora de Obras de Arquitectura (Ecoa) número 37.

Calzada, constructor ejemplar.

Idalkis Vázquez Hernández, comunicadora institucional de esa entidad, escribió en Facebook: “Cuantas lágrimas ocupan ahora mismo cada rincón de este pedazo de tierra. Gran hombre, gran amigo, gran guía, gran líder, gran constructor de vida… No se perdona que estuvieras tanto tiempo moviendo tierra y que ahora siga siendo ella quién te consuele y te tenga. Maldita pandemia que te adueñas y nos quitas a personas como está”.

La lista crece cada día, lamentablemente. Muchas personas buenas se van. De ellas nos quedan los recuerdos y el ejemplo.

¡Maldita Covid-19!

Maldita Covid-19
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