En estos momentos se intenta reeditar en Cuba un escenario de revuelta de colores. Por meses han venido trabajando desde las redes la idea importada e impostada de que la Revolución, representada en su Estado y en su Gobierno, en su Partido, no responde al pueblo de la que es fruto.

Se ha venido bombardeándonos continuamente para socavar cada medida que se toma para transformarnos en medio de las extremadamente crueles circunstancias de una guerra económica y política sin cuartel. Frente a cada medida, apenas declarada, salen de inmediato a cortarle el espíritu. No pocos se han confundido y no pocos se han prestado al juego pérfido que nos imponen, sin reconocer sus claves.

En este último año la Revolución ha tomado medidas de fondo para transformar la economía del país, ha trabajado incansablemente por cambiar nuestras bases económicas, transformar la industria, realizar inversiones de infraestructura que garantice el desarrollo económico. Se sigue laborando en nuestra infraestructura energética, hidráulica, vial, a la vez que se busca denodadamente como aumentar los ingresos en divisas que garanticen estas y otros desarrollos. Lo que todos tenemos que entender es que no habrá prosperidad económica sostenible si no construimos la infraestructura que la sostenga.

No habrá MPYMES, ni desarrollo agropecuario, ni constructivo si no revitalizamos nuestras industrias, si no solidificamos y aumentamos la generación energética, si no acumulamos y administramos nuestros recursos hidráulicos. A la vez, se han tomado decenas de medidas para liberar las fuerzas productivas, combatir la corrupción, el despilfarro, transformar el entramado empresarial para hacerlo eficiente y desbrozarlo de todo lo que lo lastra. Con creciente fuerza se ha tomado como pilar de nuestras transformaciones el método científico y se intenta basar el desarrollo en el uso eficiente de las inteligencias que hemos creado en el pueblo y desde el pueblo.

Este pueblo, su gobierno y su estado no ha parado de trabajar en medio del recrudecimiento de la guerra económica e ideológica para desarrollarnos y no lo ha dejado de hacer en medio de la pandemia.

Pero como mismo reafirmo esa certeza, también afirmo que la prosperidad no está a la vuelta de la esquina. Quiénes ante cada problema agitan recetas fáciles como piedras filosofales engañan consciente o por ignorancia. La sociedad próspera y cada vez más justa a la que aspiramos vendrá de mantener el esfuerzo y el sacrificio. Decir otra cosa es engañarnos.

El subdesarrollo no es solo un tema de pobreza material, es también la persistencia de un colonialismo cultural que permea la mente de los seres humanos. No nos engañemos; el subdesarrollo es el instrumento del capitalismo para mantenernos como sostenedores de sus élites.

Mientras nos agitan obscenamente su riqueza a costa de nuestra pobreza, nos venden la idea de que nuestro fracaso es resultado de nuestra inutilidad y su prosperidad de la eficiencia. Nos invaden reciclando las viejas ideas que solo han resultado en un mundo más desigual y más cerca de un desastre ecológico, pintándolas de progreso y de novedad.

Todas las transformaciones económicas que hemos logrado se han hecho sobre la base de garantizar la mayor cuota de justicia posible.

Podemos errar, pero nunca hemos dejado de ser justos, nunca hemos dejado de trabajar para el bien de todos, nunca hemos dejado de creer y trabajar para salir adelante. A pesar del estrangulamiento económico ninguna escuela ha cerrado, ningún hospital ha dejado de atender, no han faltado los lápices y las libretas. Tampoco ha dejado de funcionar la seguridad social, el abastecimiento magro pero esencial a través de la libreta. No se ha lanzado nadie a la calle, se han subvencionado trabajadores que la pandemia ha imposibilitado su labor.

Hoy se alimentan sin costo alguno a decenas de miles de compatriotas, sin importar su extracción social en los centros de aislamiento. Se garantizan las materias primas para producir las vacunas y las medicinas que salvan vidas y que nos sacarán de este momento difícil.

¿De dónde salen esos recursos que garantizan que el país no haya colapsado? ¿De dónde salen los recursos para sostener el servicio eléctrico, reparar centrales eléctricas, mantener inversiones? ¿De dónde salen los recursos para mantener el abastecimiento de la libreta, los pocos abastecimientos liberados? ¿De dónde salen los recursos para sostener hospitales, producir vacunas, salvar vidas? ¿De dónde salen los recursos para sostener escuelas, universidades?

Salen del trabajo, salen de potenciar las pocas fuentes de ingresos que tenemos: el turismo, las tiendas que recaudan divisas, las exportaciones de minerales y de otros productos, los servicios médicos, la industria biofarmacéutica.

Esa prosperidad depende de nuestro valor para seguir adelante, para seguir batallando, seguir trabajando para no rendirnos.

Es duro y seguirá siendo duro, muy duro. Quienes nos quieren llevar al camino del caos social, de la protesta esterilizante solo se aprovechan de las penurias que causa el bloqueo para lograr lo que el bloqueo no ha logrado.

La libertad que claman es la libertad de regresar a un país sin soberanía y sin poder de decidir su destino.

Todos en cuadro unido para salir de esta conjunción terrible de bloqueo arreciado y pandemia. Todos haciendo lo que nos toca en nuestro centro de trabajo, nuestro barrio, nuestro campo. El 26 de Julio es la carga que lanzó la Revolución; con ese espíritu de los héroes que nos trajeron hasta hoy no nos rindamos, llegaremos, con todos y para el bien de todos llegaremos, a pesar del bloqueo, a pesar de las agresiones, llegaremos y venceremos.

¡Viva la Revolución!

(Tomado del perfil de Facebook del Dr. Ernesto Estevez Rams)

No nos dejemos engañar
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