Entre Cienfuegos y Santa Clara han existido históricamente vínculos muy fuertes. Varios músicos, que comenzaron su carrera en tierra sureña, partieron luego por razones diversas hacia la hermana ciudad, que anteriormente fuera la capital de Las Villas. Entre ellos está Francisco Pastor Quesada Quesada (Cienfuegos, 29 de noviembre de 1945). Pastor inicia su vida profesional, como tantos importantes músicos cienfuegueros, dentro del movimiento de orquestas charangas de su ciudad, siendo apenas un adolescente. Se instala posteriormente con su familia en Santa Clara, donde ha realizado su mayor obra como intérprete, pedagogo y director de orquesta. Fue presidente del consejo asesor de la empresa de artistas de Villa Clara, director del Centro Provincial de la Música y jurado en la Comisión de Evaluación.

En Santa Clara se unió a la Orquesta Sinfónica de Las Villas, a las orquestas tipo charanga Armonía de Carlos y la “Aliamén”, de la cual fuera su director de 1996 a 2002. Otro de sus flancos más conocidos ha sido el de pedagogo, labor por la que siente una gran responsabilidad. Actualmente, está junto al violinista Juan Águila al frente de la Orquesta de Cámara Rubén Urribarres. Con esta agrupación tuvo la posibilidad de regresar a su natal Cienfuegos en 2018, para una presentación en el teatro Tomás Terry. Fue muy emotivo ver este reencuentro de Pastor con su Cienfuegos. Un artista que, sin dudas, tiene mucho que contarnos de la historia musical, en su mayoría no escrita, de la bella ciudad del mar. De ahí que surgieran anécdotas de los primeros años de su encuentro con la vida cultural sureña.

Pastor Quesada en el Teatro Tomás Terry de Cienfuegos.

“Me hice músico por obra y gracia de Rafael Lay. Vine a una audición aquí, al teatro Tomás Terry. Él tenía el conservatorio allá arriba, en lo que es hoy el Ateneo, que se llama así desde aquella época. Le dijo a mi mamá que yo tenía un biotipo bueno para el violín; me estuvo mirando las manos. Mi mamá no tenía posibilidades de comprarme un instrumento y Lay le dijo que no se preocupara, que él se ocupaba de eso. Así comencé a dar clases con él, en una época en que la ‘Aragón’ radicaba aquí, en Cienfuegos. Cuando ellos deciden irse para La Habana, él me dejó en manos de su profesora, Sara Torres, una señora mayor, con su pelo canoso, muy amable y excelente instrumentista. Vivía por la calle de Cuartel, entre Santa Clara y Dorticós.

“Empecé a trabajar con la orquesta de Efraín Loyola, y Loyolita, su hijo, hizo una paralela a la del padre: ‘la Selecta’. Loyolita y yo éramos muy jóvenes, y me propuso trabajar con él. En esa época estaban casi todos los integrantes de lo que después fue la ‘Revelación’: Roquelino Ferrer, Roberto, José, Macho, Fernando Cabrera, Orlando Beltrán, que tocaba el contrabajo, no la flauta, aunque ese era su instrumento. Luego deciden formar otra orquesta. Como tenían al flautista que iba a ser Beltrán, fueron a ver a Felito, a ver si quería entrar en el contrabajo. Felito no era bajista en aquel momento, pero llegó a dominarlo muy bien, destacándose incluso. Se convirtió en el director de la ‘Revelación’. Yo pasé con ellos a la nueva orquesta. Así estuve con Felito mucho tiempo. Después él se fue para La Habana y yo me fui con él. Allí empezamos a trabajar con Julio Valdés. Estuve con Felito viviendo en la casa de Fragoso, que era el esposo de su hermana, el padre de Argelita. Yo tendría entonces unos 16 o 17 años. Luego comencé la universidad en Santa Clara y no me daba tiempo. Me llegó una beca para estudiar Ingeniería Eléctrica en Bulgaria y estuve tres años alejado de la música.

”En realidad en la ‘Aliamén’ fue donde eché raíces; estuve casi 40 años. Pero llegó un momento en que se acercaba el retiro y no quise seguir haciendo vida de músico popular. Entonces hablé con Rubén Urribarres. Salí de la ‘Aliamén’ directo para la ‘Sinfónica’ y de allí hacía trabajos alternos con la Orquesta de Cámara; y así he estado durante todos estos años. En la Orquesta de Cámara hay tres generaciones, pero ese es, precisamente, el trabajo pedagógico. Prácticamente nosotros podemos quedarnos en la luneta mirándolos a ellos tocar”.

Ojalá encuentros como este se repitan y vuelvan para ser los protagonistas nuevamente de otras historias que están aún por ser contadas.

Pastor Quesada, un emotivo reencuentro con su ciudad del mar
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