Cuando solamente habían transcurrido dos años del triunfo de la Revolución cubana y meses de la declaración de su carácter socialista se produce en la Biblioteca Nacional, el encuentro memorable entre figuras importantes de la intelectualidad del país y la máxima dirigencia de la Revolución con Fidel Castro a la cabeza.

Hasta aquel momento, la máxima dirección de la Revolución no había formalizado su postura con respecto a las prácticas culturales de la nación. Una amplia representación de artistas y escritores sería la ocasión idónea para pautar la relación entre Estado y cultura. En este escenario, el líder cubano señala el “deber ser” de los artistas y de su arte.

El diálogo de 5 de Septiembre con el historiador Orlando García Martínez, quien preside además la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en Cienfuegos, nos permite revisitar un hecho transformador del entramado institucional en este sector.

¿En qué contexto tiene lugar Palabras a los Intelectuales?

Palabras… surge en un contexto muy complejo. Se producen los hechos de Girón, pero también hay un debate dentro de la intelectualidad de la época. Hay varias corrientes. Una corriente con una izquierda muy combativa que expresa Alfredo Guevara y las personas en torno a él, había constituido una de las instituciones emblemáticas que es el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic). También está la gente que venía por la línea del Partido Socialista Popular. Estamos hablando de una institución que aunque minoritaria, tenía una impronta en la vida cultural del país con el Grupo Nuevos Tiempos y otras expresiones que estaban pugnando por los espacios legitimadores de la obra artística y literaria. La tercera corriente, muy poderosa, se ubicaba en torno al periódico Revolución y Carlos Franqui y un grupo de intelectuales de primera línea, jóvenes. El periódico Revolución era el órgano del Movimiento 26-7”.

“En ese contexto, la censura del documental PM, gestado desde el periódico Revolución, desata el debate”.

Lo que plantea Fidel en este discurso, ¿puede ser considerado un dogma o el llamado a la construcción colectiva de un proyecto social y cultural?

“Muchas veces simplificamos Palabras… al texto “Dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada.” Reducimos a una frase, una reflexión más amplia, más profunda sobre cuál sería la política de la Revolución. Si no entendemos Palabras… no vamos a entender el presente.

“Allí Fidel está convocando a la participación de los mejores artistas, de los artistas de mayor jerarquía, al debate que configura la política cultural de la Revolución. Las primeras coordenadas están en puntos de vista como “caben todos”, “no habrá imposición de una estética oficial”. Está diciendo que la libertad de creación es amplia, que los no revolucionarios tienen un espacio en el proyecto de la Revolución, porque el hecho de no ser revolucionario no quiere decir que sea contrarrevolucionario. Contrarrevolucionario es aquel que se organiza para derrocar el sistema estatal vigente que surge por el consenso de la mayoría del pueblo cubano y se expresa en la victoria de Playa Girón, donde se derrota un ejército mercenario apoyado por el gobierno estadounidense.

“Debajo de este debate subyace la intención de atribuirlos roles a cada institución cultural. Yo creo oportuno hablar de esto”.

Poco después se creó la Uneac, también como expresión de esa voluntad de organizar y crear oportunidades para el quehacer artístico y cultural desde la pluralidad…

“Para mí, el hecho de que Fidel impulse la creación en la sociedad civil cubana de una organización como la Uneac, es una de las cosas que justifica la trascendencia de Palabras… porque está diciendo a la gente que tiene diferentes credos estéticos, diferentes maneras de ver el futuro de la nación, que se aglutinen sobre el consenso y la democratización que debe tener cualquier organización como la Uneac para que sea verdaderamente democrática y plural, en torno a un proyecto cultural que pasa por la articulación de ese diálogo con la vanguardia política.

“Fidel abre ese camino, y lo que hemos hecho desde entonces hasta hoy, es dialogar con la vanguardia política en torno a cómo debe ser la política cultural del país”.

En el camino, y a pesar de la claridad de los conceptos expresados en Palabras…, se han cometido errores.

“Claro, en todo proyecto revolucionario hay errores. Yo soy de la generación que vivió los errores. Soy de la época en que el dogmatismo excluyó por creencias religiosas, por orientación sexual y otras maneras de ver la vida. Porque también se metió por debajo de la mesa, y violando lo que Fidel había dicho en Palabras…, el ejemplo de la política cultural de la Unión Soviética, que muchas veces saca sus orejas peludas en el presente”.

¿De qué manera?

“Cuando los dirigentes gubernamentales y políticos asumen el rol que no les corresponde; cuando sustituyen el papel de las instituciones y el diálogo entre las instituciones y los creadores y asignan un presupuesto para hacer un disco o para poner una obra, bajo el supuesto de que ellos tienen el derecho porque ocupan un cargo a poner el dinero donde ellos consideran. Cuando, por ejemplo, no nos sonrojamos en pagar una cifra elevada por una actuación musical banal y del nivel más bajo y cuestionamos que un escritor de renombre gane un dinero mínimo por una conferencia, realmente estamos equivocados. Porque entonces, ¿cómo se mide verdaderamente qué es vanguardia y qué es jerarquía?

“A mí me gusta mucho citar a un cienfueguero, Carlos Rafael Rodríguez, un teórico de la Revolución en el campo político y en el de la cultura, alertaba que la Uneac tiene su propia órbita, como el Partido tiene la suya, pero no son sustituidos el uno por el otro. Esas órbitas individuales no pueden ser transgredidas. Cuando se transgrede (…) ahí cometemos errores.

“Yo creo que la grandeza de Palabras… está en que trascendió el futuro de esa política. Al extremo que, en el Noveno Congreso, Miguel Díaz-Canel hace una reflexión sobre la temática de la cultura, a partir de Palabras…, y enriquece conceptualmente el papel de esa vanguardia artística. En ningún lugar del mundo una organización de vanguardia artística y literaria de la sociedad civil da su opinión y es escuchada, como ocurre en la educación y en la cultura”.

En la actualidad, ¿cuáles son los temas del debate intelectual?

“Hoy en día uno de los grandes problemas que tenemos en el debate intelectual es que los escritores no se sienten representados económicamente por el sistema institucional. Llevamos tiempo debatiendo eso. Claro que a partir del Noveno Congreso se está revisando la Ley de Derecho de Autor; se están revisando resoluciones que rigen el pago por una publicación.

De cualquier forma, a los escritores no nos importa eso. Lo hacemos porque en definitiva dejaríamos de ser escritores si antepusiéramos el tema dinero, que hace falta, pero no es lo único que nos mueve”.

Lo que nos hace ser escritores y creadores literarios es justamente el compromiso social que tenemos desde la obra para con los diferentes públicos y por tanto, esa es la vigencia que tiene Palabras… el hecho de que proporcionó un espacio desde la institucionalidad estatal para que se desarrolle el talento, para que se le haga crecer en ese diálogo que no es perfecto, sino complejo, y que está mediado por las políticas de cuadros. La cultura no se puede dirigir sin cultura”.

Revisitando las Palabras de Fidel a los Intelectuales, sesenta años después
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