*En coautoría con Tay Toscano Jerez.

La situación epidemiológica actual ha trastocado las rutinas de los servicios necrológicos de Cienfuegos, provincia de mayor tasa de positividad en Cuba durante los últimos quince días y con reportes diarios de fallecidos. Hasta la fecha más de 35 mil cienfuegueros, de una población residente de 406 mil 244 personas, han sido positivos al virus del SARS-CoV-2 y según estadísticas la historia aún no llega a su fin.

El viaje después de la muerte nunca ha sido tema de poesías baratas en la Isla. Culturalmente nos identifican ritos y costumbres que a pesar del tiempo siguen estáticos en los patrones de las familias. Ni dejamos de llorarlos delante de todos ni renunciamos a caminar detrás del carro fúnebre.

El fallecido citadino va a una capilla iluminada en la funeraria más cercana, donde se le prenden velas y ponen coronas de girasoles o azucenas. El fallecido rural va a la sala de la casa, esa noche tampoco se duerme y es noticia en el pueblo residente.

La Covid-19 rompió ese hilo hereditario ¿Qué se vive después de la muerte? ¿Estábamos preparados para asumir un cambio en las dinámicas necrológicas? ¿Cuán arriesgado se torna el trabajo en los cementerios?

Una pluralidad de variables dinamita lo que conocíamos como habitual y rutinario, al exigirnos despedidas inesperadas. Los efectos de la pandemia llegan más allá de la muerte individual y abren la puerta a otro universo no menos complejo: los servicios necrológicos en contextos epidemiológicos difíciles.

Actualmente cada 24 horas ocurren como promedio 43 enterramientos en la provincia, por supuesto no todos llevan tatuado las siglas de la Covid-19, aunque en determinadas ocasiones son mayoría. Las enfermedades no transmisibles siguen sumando víctimas a sus estadísticas, quizás menos mediáticas y sostenidas, pero igual de notables.

Antes era raro el día en que se notificaran más de 22 fallecidos y más atípico sobrepasar los 360 en un mes, según reportes oficiales de la Empresa Provincial de Servicios Comunales. Julio del 2021 rompió esa cuerda y superó los 600.

Terminados nuevos nichos en el cementerio Tomás Acea.
DAR LO MEJOR EN LA PARTE PEOR

Cuando los ojos se cierran comienza el trabajo de muchos otros. La morgue es un lugar frío que tiene el halo de la tristeza, un silencio que congela. A inicios del pico pandémico en Cienfuegos, aproximadamente un mes atrás, las muertes por Covid-19 y pos-Covid aumentaron las dinámicas de esos espacios diseñados para operar en una normalidad que no superaba la veintena de casos en una vuelta completa del reloj.

La lentitud en el proceso de documentación y luego el traslado de los occisos a las necrópolis fue una pesadilla que no pocos sufrieron. “Yo estuve un buen tiempo para que saliera del hospital el cadáver de mi tío, pero entendí que todo estaba complejo, nadie se había enfrentado a una pandemia con estas dimensiones y tuve calma”, dijo Víctor Hernández, residente en La Juanita.

Al decir de José Quintero Mora, director de la Empresa Provincial de Servicios Comunales en Cienfuegos, tal realidad obligó al Consejo de Defensa Provincial a asignar diez carros, con las condiciones necesarias, para cumplir esa función en el sector, ello garantizó voltear la página y minimizar los tropiezos. De igual modo se priorizó el aumento de las plantillas en las oficinas que deben arreglar la documentación de los fallecidos, algo que demoraba horas en el pasado.

Las angustias que deja el SARS-CoV-2 superan los medios tradicionales. Varias matrices de opinión, malintencionadas y puestas a circular por el enemigo, se difunden en la autopista de Facebook, algunas introducen en el sofisma de la fabricación de cajas de emergencia, hechas de cartón, ante el aumento masivo de decesos diarios en Perla del Sur. “Reciclan los ataúdes porque la demanda está por encima de la capacidad productiva (…) Muchos empleados han pedido la baja por la falta de recursos mínimos para trabajar y porque están en desacuerdo con el uso de fosas comunes”, dicen en Facebook de forma totalmente mentirosa.

Los micrófonos ponen en escena a quienes deben responder: “El protocolo de manejo de cadáveres dice claramente que cada uno se entierra de manera individual. No se aplica la variante de enterramientos colectivos.Sí hemos usado equipos de excavación para humanizar el trabajo. En el cementerio Tomás Acea la tierra está muy dura porque esas parcelas nunca se habían explotado y con estos medios agilizamos el proceso, eso pudiera confundir a las personas, pero no tiene que ver una cosa con la otra.

“En ningún documento de Comunales queda explícito que los fallecidos por Covid-19 deben ser enterrados en tierra para evitar contagios, solo ocurre cuando los familiares no tienen bóvedas y el Estado tampoco tiene disponibilidad en las suyas (…) En todos los casos, los cadáveres están siendo enterrados en ataúdes, sin excepciones”, esclareció Quintero Mora.

Actualmente la provincia cuenta con 37 cementerios distribuidos en cabeceras municipales y asentamientos, solo 2 mil bóvedas rezan como propiedad del Estado, muy inferior a las 48 mil capacidades de sepultura bajo titularidad privada, algo que a través del tiempo deberán resolver para minimizar la inhumación de restos humanos en tierra, una práctica que muchas veces entristece a los familiares.

Tampoco cuenta el territorio con un incinerador de cadáveres y restos óseos (debe comenzar a funcionar el próximo año), tal servicio era asumido por Villa Clara, pero dadas las complejidades epidemiológicas hoy no existe esa posibilidad. Detenido en el tiempo ha quedado la terminación del nuestro.

Al entrevistar a varios sepultureros ellos confirman la falsedad total del uso de fosas comunes en territorio cienfueguero y el empleo de un mismo féretro para dos cadáveres, ambas corrientes discursivas navegan sin piedad en las redes sociales como si no fuera suficiente el dolor que trae la pandemia misma.

“El gasto de recursos ha sido muy superior en la fábrica de ataúdes y eso no ha tenido limitaciones (…) La caja fúnebre tradicional nuestra tiene varios componentes, entre estos, el cartón, pero no es el del embalaje de mercancías electrodomésticas o comestibles, sino uno de bagazo mucho más fuerte, el cual cubre la estructura de madera y a este se le pone encima la tela (…) Diariamente se producen entre 70 y 85 que varían en  dimensiones”, explicó Olider Tardío Rodríguez, subdirector de inversiones en la Empresa de Servicios Comunales.

Desde 2018 diputados de la Comisión de Salud y Deportes de la Asamblea Nacional del Poder Popular señalaron a Cienfuegos entre las provincias con falta de espacios para bóvedas, nichos y osarios, así lo reflejó un artículo del periódico Granma. Hoy en algunos cementerios del territorio se amplían sus parcelas ante el aumento de decesos que deja la combinación de muertes por Covid-19 y otras enfermedades no transmisibles. Cruces y Palmira lideran la lista.

Continúan labores constructivas en el cementerio de Cienfuegos para ampliar capacidades de enterramiento.
EL TOMÁS ACEA: SIN COLAPSO NI DETENIMIENTOS

El municipio cabecera cuenta con cuatro cementerios: Tomás Acea, el de Reina, Guaos y otro en la comunidad del Castillo de Jagua. En ellos, poco más de ochenta trabajadores asumen disímiles tareas para brindar un mejor servicio durante las 24 horas.

El ajetreo se multiplica allí en momentos de pandemia. Antes ocurrían en la capital provincial entre  210 y 230 enterramientos mensuales, pero en julio pasado las cifras se duplicaron, pues el epicentro del nuevo coronavirus anda sobre los hombros de la llamada Perla del Sur. Gerardo Echeverría Hernández, director municipal de la Empresa Servicios Comunales, explicó que en el caso del camposanto Tomás Acea, el único con tipología  jardín en el país, las capacidades de sepultura, fundamentalmente en tierra, aumentaron con velocidad.

“Empezamos por 120, ya terminadas y luego se suman otras 79 también en bóvedas y panteones para facilitar el servicio. Un poco más allá en el tiempo previmos espacio para 240 enterramientos individuales en tierra, con la particularidad de mejorarles el entorno con jardines, aunque los familiares, si así lo desean, también pueden realizar mejoras”, agregó.

Igual proceder ocurrió en los cementerios del Castillo de Jagua y Guaos, este último presenta hoy una situación difícil en cuanto a las capacidades, sin embargo, y de acuerdo con el director municipal de Comunales, de agotarse allí las parcelas los enterramientos pasarían al “Tomás Acea”.

Hace unas dos semanas, Pablo Pavón Soriano perdió a su papá, víctima de una neumonía post-Covid, cuyos restos reposan en el “Tomás Acea”. “Hicimos el trámite sin ninguna dificultad (…) Ahora estamos aquí para mejorar la tumba. Los trabajadores están haciendo un gran esfuerzo en medio de la actual situación”, dice de un tirón, aún con la angustia en el rostro.

El quehacer en los camposantos no es pan comido, nunca lo ha sido y ahora mucho menos. Lidiar con la muerte luce tema serio, pero igual hay que hacerlo porque forma parte de la vida. “No tenemos horario para trabajar. Damos lo mejor de nosotros para que los familiares puedan dar el último adiós a sus seres queridos. Muchos no comprenden los enterramientos en la tierra y les aclaramos que no son fosas comunes, sino tumbas individuales (…) El riesgo epidemiológico existe, pero alguien tiene que prestar este servicio, mucha gente no pudo despedirse de su familiar, hay dolor por todo esto de la Covid-19”, dice Rubén Tamayo González, trabajador del “Tomás Acea”.

La  problemática  mundial  que  se  vive como  resultado  de  la  pandemia  por  el virus del SARS- CoV-2 no solo ha impactado en las formas de  vida  de  las  personas,  sino  también  en  el  tratamiento dado cuando éstas fallecen… A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en el mismo ataúd, desde esa visión del poeta Lamartine, hoy se entierra también un gemido social en cada tumba abierta.

Es totalmente falso el uso de fosas comunes en territorio cienfueguero y el empleo de un mismo féretro para dos cadáveres. Ambas corrientes discursivas navegan dentro de la impunidad de mentiras del enemigo en las redes sociales.
Según cronograma constructivo el incinerador de restos óseos de Cienfuegos debe entrar en funcionamiento en el primer trimestre de 2022. / Foto: Internet.

Servicios necrológicos de Cienfuegos: el viaje de la muerte en pandemia
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