“Una tarde mientras conversábamos en el balcón del apartamento le dije a mi esposo Víctor Rodolfo Elizundia: ‘Viejo, mira cuánta tierra improductiva tenemos frente al edificio; si tú y el resto de los vecinos me ayudan, estoy dispuesta a sembrarla de viandas y hortalizas’”, así recuerda Eugenia González Labrada el inicio de la parcela colectiva del Comité de Defensa de la Revolución (CDR) “Adolfo Ortiz”, en el reparto de Junco Sur, de la ciudad de Cienfuegos.

Desde entonces la septuagenaria pareja resultó, tal vez sin proponérselo, la pionera del movimiento popular cederista “Cultiva tu pedacito”, iniciativa promovida por la mayor organización de masas del país y dirigida a la producción de alimentos en cuanto espacio disponible pueda existir en hogares, patios, solares yermos y áreas comunes de edificios multifamiliares.

Tal y como lo hicieron Eugenia y Víctor Rodolfo, fueron miles los cubanos que acogieron la idea con entusiasmo y hoy, muchos de los otroras espacios baldíos se conviertieron en huertos y jardines productivos donde crece todo tipo de provechosas plantas alimenticias y medicinales.

El empeño forma parte también de un programa de mayor alcance concebido por el gobierno y el Estado cubanos, conocido por Plan de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional (SAN), primero de su tipo en la historia de la Isla y que tiene entre sus propósitos integrar esfuerzos para disminuir la dependencia de las importaciones de alimentos e insumos, consolidar los sistemas alimentarios locales y movilizar los sistemas educacionales, de la cultura y de la comunicación, para fortalecer la educación alimentaria y nutricional.

Tres temas centrales de la agenda del Plan SAN han sido posicionados por el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez: la necesidad de poner el conocimiento y la ciencia al servicio de la producción de alimentos, de promover la intersectorialidad como condición esencial para lograr soberanía alimentaria y la educación nutricional; así como la importancia de fortalecer la estrategia de desarrollo territorial, descentralizando y dando mayor autonomía a los municipios, como eslabón indispensable para el avance de la nación.

En el propio contexto, no puede perderse de vista que el hecho de que el Plan SAN tenga como uno de sus ejes estratégicos contribuir desde la educación, la comunicación y la cultura al logro de una alimentación saludable, resulta extremadamente importante, pues muchas razones hacen necesaria una transformación de los hábitos nutricionales de la sociedad cubana hacia estilos de vida sanos, de la mano de la expansión de una agricultura diversificada que lleve mayor número de alimentos frescos y nutritivos a la mesa de los consumidores.

A todas luces estamos frenten a una estrategia de suma importancia para la seguridad alimentaria de la población desde la perspectiva local, con una participación multisectorial, pues aunque la encabeza el Ministerio de la Agricultura (Minagri), a ella tributa un grupo importante de organismos, instituciones, entidades, organizaciónes políticas y de masas y de la población en general; en fin, una opción tuya, mía, de todos.

Si bien en Cuba el concepto alcanza mayor auge en estos tiempos, la terminología “seguridad alimentaria” quedó acuñada en el año 1996 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) durante la Cumbre Mundial de Alimentación. Allí se dejó escrito que ella existe cuando todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfacen sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimentarias para llevar una vida activa y sana.

Como se ha reiterado, actualmente en nuestro país la seguridad alimentaria y nutricional es una de las prioridades. Así queda claro en el Artículo 77 de la Constitución de la República de Cuba, en el cual se plantea que todas las personas tienen derecho a la alimentación sana y adecuada.

Luego, el Estado crea las condiciones para fortalecer esa necesidad vital a toda la población. Además, en la estrategia económico-social para el impulso de la economía y el enfrentamiento a la crisis mundial provocada por la Covid-19, situación mucho más compleja en la Mayor de las Antillas por el recrudecimiento del bloqueo yanqui, se reconoce que la producción nacional de alimentos constituye un aspecto central para la nación.

Para llevar a feliz término este revolucionario proyecto económico y social, no puede perderse de vista que dentro del mismo se contemplan muchos procesos que requieren transformación y dependen del empuje de los gobiernos locales, comoquiera que es en los municipios donde se decide gran parte del éxito.

Ahora mismo, Cuba llevará el Plan a los territorios como parte de un amplio proceso participativo, mientras un equipo integrado por juristas de alta experiencia, coordinado por la dirección jurídica y la Oficina del Plan SAN del Minagri, trabaja de manera intensa en la construcción del marco legal regulatorio de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional.

A propósito, en un reciente encuentro con periodistas cienfuegueros, Yoán Sarduy Alonso, delegado provincial de la Agricultura, adelantaba que fueron escogidas nueve comunidades, de los ocho municipios sureños, para evaluar el impacto del Plan SAN, para lo cual fue necesario realizar un diagnóstico sobre las potencialidades locales.

“Tras conocer en detalles las fortalezas, comentó el directivo, se diseñó un programa de acción. Por ejemplo, Educación previó círculos de interés sobre enseñanza nutricional; los CDR por su parte, contabilizaron cuántos patios más podemos sembrar; en tanto, la Industria Alimenticia se planteó las posibilidades de fabricar dulces caseros, de acuerdo con el potencial fruticola del territorio”.

Agregó el directivo que al sector agrícola le corresponde evaluar los indicadores en función de la demanda de alimentos que requiere la población, a fin de asegurar los cinco kilogramos per cápita mensuales de proteína animal y las 30 libras de viandas, hortalizas, granos y frutas. Ello supuso un estudio de las especies de ganado menor que se necesitan y el área a sembrar, así como las modalidades de cultivo para cumplir con dichos propósitos.

A todas luces, Cuba es un país que cuenta con una sólida articulación de políticas públicas proclives a fortalecer la seguridad alimentaria de su pueblo. Sin lugar a dudas, estas acciones concretarán en la práctica nuevas formas de hacer con concepciones novedosas y mayor comprometimiento de todos los actores de la sociedad hacia un bien común.

Soberanía alimentaria, también una opción tuya, mía, de todos
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