Hay figuras del pentagrama musical cienfueguero que se han quedado en el anonimato. Artistas que formaron parte de agrupaciones sureñas y solamente al volver a recordarlos, podremos hacer que las nuevas generaciones los conozcan. El esplendor que hizo grande a muchas orquestas, se debe a la unión de valiosos músicos y del trabajo en conjunto de todos ellos, con historias de vida diferentes y aportes a la identidad cultural de su pueblo.

Hace poco les hablaba sobre Lutgarda Ordetx, una de las voces prima de Los Naranjos. Hoy regreso con esta agrupación, pero esta vez me gustaría hablarles sobre Tomás Castellanos, conocido como El Quijá, quien fuera su voz segunda por varias décadas. La música tradicional cubana se caracteriza por el trabajo a dos voces. Anteriormente, la voz segunda se hacía de manera empírica, no había nada escrito como ahora. Las personas que interpretan esa voz, deben tener una afinación muy precisa, independencia y concentración, para mantenerse dentro de la misma y no confundirse con la voz prima.

Tomás llega de manera empírica a la música. Tenía lo que en la época llamaban, un don natural. Me cuenta su familia, que le gustaba mucho escuchar instrumentales, que siempre en casa lo acompañaba la música. Su vida se centró en Los Naranjos, a quienes dedicó gran parte de su existencia. Por todos sus aciertos como voz segunda y por su timbre, Ignacio Piñeiro lo invitó en varias ocasiones para integrar el Septeto Nacional, pero como tenía que irse para La Habana, no aceptó. En otro momento de su carrera, Pablo Milanés lo convida para grabar Convergencia, luego de haber cantado juntos en vivo este tema del también cienfueguero Marcelino Guerra. Por asuntos ajenos a la voluntad de ambos, nunca llegaron a hacerlo.

Tomás, Junto a Pablo Milanés

La familia Molina y la de Tomás eran bastante cercanas, no solo geográficamente; además de ser un gran amigo de Felito, eran vecinos. Me cuenta su sobrina Hilda, la profunda admiración que sentía por Argelita Fragoso, hija de una de las hermanas de Felito; cuánto admiraba y seguía sus éxitos con orgullo. Sus ojos brillan al recordar su niñez y a su tío:

“Le gustaba mucho escuchar cantar a Argelia Fragoso, la quería como a una hija. Ella también a él; le decía tío. Las dos familias eran muy allegadas. Su tía, Zenaida y Argelia Molina, su mamá, visitaban mi casa. Nosotros vivíamos en la calle Cuba, a una cuadra de la Calzada y ellos vivían en una entrecalle de la Calzada, llegando al Parque Villuendas. Lo escuchábamos desde casa cuando los carnavales, que en ese momento se realizaban en la zona de la Calzada y del parque. Te puedo decir que donde tocaban Los Naranjos, a cuadras, se sabía en qué momento era él quien estaba cantando. Según Pablito Milanés, fue una de las más importantes voces segundas de Cuba. Recuerdo la dedicación que siempre le tuvo a esa orquesta.

“Su vida era Los Naranjos y sus sobrinos, nosotros. Fue una persona maravillosa; imagínate que iba por la Calzada y se encontraba una moneda y se paraba para peguntar en voz alta de quién era. Como pequeños, le decíamos: ‘Tomás, pero si es un peso’, y él respondía: ‘Sí, pero este peso le hace falta a alguien’. Si no encontraba al dueño entonces dividía a partes iguales para cada uno de sus sobrinos”.

Tomás, Cuando le otorgan la distincion Raúl Gómez García

Tomás, cuando le otorgan la distincion Raúl Gómez García

Tomás ostentaba la Distinción Raúl Gómez García. Alcanzó la evaluación más alta que el Ministerio de Cultura otorgaba en su época, equivalente a Primer Nivel. Entre la década de los años 60, 70 y 80, participó junto a su agrupación en disímiles eventos, siendo esta una etapa muy valiosa para la agrupación y para el propio Tomás. Se jubila en la segunda mitad de los ’80 y nos dice adiós físicamente, en noviembre de 1990.

Son muchos los seres extraordinarios que forman parte de la identidad cultural sureña. Desgraciadamente, gran parte ha quedado en el olvido. Todos ellos permitieron que el legado de Los Naranjos y de tantas agrupaciones de las que fueron integrantes, permaneciera hasta nuestros días. Les debemos el reconocimiento que merecen dentro de la historia musical de Cienfuegos.

Tomás Castellanos, una de las segundas voces emblemáticas de Los Naranjos y de Cuba
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