Siguen ahí, en sus puestos; ni la pandemia los ha hecho flaquear.  No desconocen el riesgo y hasta el peligro, pero saben que su labor es importante, aunque algunos se empeñen en minimizarlos y no verlos.

“La tarea es dura, nos levantamos a las tres de la madrugada para cumplir con el barrido de calles y la recogida de desechos sólidos; luego nos incorporamos para asumir lo que se necesite en el cementerio Tomás Acea, donde trabajamos en diversas labores”, me dice Flavia Basulto Vázquez, jefa de zona de comunales del centro histórico en la Perla del Sur, quien reconoce a “los muchachos” de su brigada.

“Ellos están siempre dispuestos a cumplir cualquier tarea y también hemos tenido el respaldo de la empresa.  Yo tengo una brigada muy buena, 72 trabajadores, y hasta ahora hemos cumplido”, me dice.

Rubén Tamayo González, es uno de los trabajadores de Comunales que labora en el camposanto jardín de Cienfuegos.  Antes de llegar allí, cada día deja limpia su ruta en el barrido de calle. “No tenemos horario para trabajar. Damos lo mejor de nosotros en momentos tan dolorosos por la pandemia”.

Incondicionalidad, entrega al trabajo y cumplimiento de lo indicado para cada jornada definen a los sencillos obreros de los servicios comunales del municipio de Cienfuegos y de la provincia en general; esos que cada día garantizan —desde la modestia y el anonimato— un entorno más limpio, que todos debemos cuidar.

Barrido de calles, recogida de desechos sólidos, servicios necrológicos y la higienización de espacios públicos para contrarrestar los efectos de la Covid-19, son algunas de las faenas que asumen hombres y mujeres de pueblo, que permanecen al pie del cañón, sin desconocer el riesgo y el peligro.

Rubén Tamayo González (al centro) y Flavia Basulto Vázquez (de espalda): “La tarea es dura, pero no tenemos horario para el trabajo.

Foto: Tay Toscano

Trabajadores de comunales en Cienfuegos, “al pie del cañón”
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